viernes, 24 de octubre de 2008

La Renuncia


Mi boca es una cremallera abierta. Un dragón ha tomado posesión de mi minúscula persona. De todos los seres humanos que pisan esta tierra sucia y llena de colillas de mis cigarrillos, yo soy la más reptil.

Renuncio porque tengo colmillos de serpiente. Porque no tengo cuerda para un violín que suena desafinado. Porque la paciencia se me agota. La cursilería es el afán, la fuerza. Me atraganto con un vómito invisible. La arcada quedó en el aire.

Panfletos políticos inundan las paredes. Ya no quiero estar aquí. No quiero. No quiero... (ecos). Quiero mi cama. Ansío el calor de los brazos de mi pololo, en donde puedo llorar tranquila, digna, cálida. Deseo romperle la cara a aquel personaje que me hace sentir triste, estúpida, inútil, torpe.

Renuncio porque no me da el cuero para aguantar tanta indiferencia. Renuncio porque lo único que hago en esta vida es pintar el mono. Renuncio porque me piden la renuncia a gritos que no oigo porque me han tapado los oídos con serumen de tonto. Renuncio porque el suelo no aguanta el peso de mis tensiones. Renuncio porque nadie querrá ser parte de esta locura. De esta corriente de la conciencia que me invade, que hace derramar las lágrimas y mojar el teclado del computador.

Desde aquí nadie me ve.

Deseo desaparecer un rato.

A ver si alguien me encuentra y hace que me arrepienta de renunciar...

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