sábado, 25 de octubre de 2008

Miau


Sábado nublado. Con un poco de viento frío.
Pero nada hace que deje de escribir unas cuantas palabras cálidas...

El callo del estudiante me arde después de pasar en limpio toda la materia de Semiología.

Anoche soñé con gatos.
Desperté y vi gatos en el techo.
Salí a comprar empanadas y se me cruzaron unos cuantos gatos...

Y no es que tenga cara de ratón traumado.
Es sólo que...

Hora de escribir y escribir y leer y escribir...
Se vienen los días turbios.
Pero basta una sonrisa para calmarme...

"... pero una palabra tuya bastará para sanarme...".

Tengo que ir a misa. Dios entiende mis enredos locos.

Mientras tanto, maullaré, a ver si me escuchas.
Desde un techo rojo grito en lenguaje felino.

Demonios! Hay murciélagos en mi casa...

Lunes.
Miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau, miau...

¿Miau?

viernes, 24 de octubre de 2008

La Renuncia


Mi boca es una cremallera abierta. Un dragón ha tomado posesión de mi minúscula persona. De todos los seres humanos que pisan esta tierra sucia y llena de colillas de mis cigarrillos, yo soy la más reptil.

Renuncio porque tengo colmillos de serpiente. Porque no tengo cuerda para un violín que suena desafinado. Porque la paciencia se me agota. La cursilería es el afán, la fuerza. Me atraganto con un vómito invisible. La arcada quedó en el aire.

Panfletos políticos inundan las paredes. Ya no quiero estar aquí. No quiero. No quiero... (ecos). Quiero mi cama. Ansío el calor de los brazos de mi pololo, en donde puedo llorar tranquila, digna, cálida. Deseo romperle la cara a aquel personaje que me hace sentir triste, estúpida, inútil, torpe.

Renuncio porque no me da el cuero para aguantar tanta indiferencia. Renuncio porque lo único que hago en esta vida es pintar el mono. Renuncio porque me piden la renuncia a gritos que no oigo porque me han tapado los oídos con serumen de tonto. Renuncio porque el suelo no aguanta el peso de mis tensiones. Renuncio porque nadie querrá ser parte de esta locura. De esta corriente de la conciencia que me invade, que hace derramar las lágrimas y mojar el teclado del computador.

Desde aquí nadie me ve.

Deseo desaparecer un rato.

A ver si alguien me encuentra y hace que me arrepienta de renunciar...

miércoles, 22 de octubre de 2008

Los amigos de mi mamá


He sido testigo ocular de los maravillosos momentos que mi mamá ha vivido al lado de sus amigos. Esos carretes setenteros de guitarra y risas que evocan recuerdos edulcorados y empolvados del sur. Esa sonrisa y esa lágrima atorada en los laberintos del tiempo. Sólo sé que me gusta ver la felicidad de mi mamá cuando dice: "Voy a salir a carretear". El contrato marital que mantenía con el televisor se ha roto.
Ahora que ya no tiene Facebook en su oficina, mi mamá aprendió
 lo que es ir a un cybercafé. Debe combatir, al igual que yo, contra la lentitud del internet y los pesos que suman y siguen. También sabe usar el correo electrónico, aunque me acarrea durante horas nocturnas para que pueda subir sus reportes con más agilidad. Puedo estar muerta de sueño, pero me pide que lea sus escritos, que narran los momentos más importantes de cada reunión.
Sólo sé que, si de mi dependiese, la enviaría a carretear todos los días para que deje de hundir la cama con el peso de su cansancio. Porque no hay mejor medicina que la amistad. No hay mejor remedio que el abrazo de un amigo.

Y este es mi remedio: dormir en un sofá, después de trasnochar sin parar. Pero sé que en el fondo mi independencia comienza cuando la de mi mamá se libera.