Reina la oscuridad en mi pieza. Sólo cuento con la luz de la pantalla del computador, la del módem y la del subwoofer. Mis ojos están hinchados. Mis manos llenas de grasa de bistec de lomo liso. Siento un desgarro en el alma. No me di cuenta de las dos semanas que pasaron sin ver a mi pololo. Tampoco me di cuenta de las ilusiones que me hice. He tejido más que Penélope, sin duda.
Entonces lloro. Lloro para tratar de sacar esa roca que no me deja respirar, que me coarta la circulación, que provoca un ardor en mi estómago. Me encierro en una soledad inmensa, en una locura vertiginosa que sólo yo entiendo. Ya no quiero echar a nadie más de menos. No quiero que nadie más me eche de menos. No quiero ilusionarme con reuniones, encuentros, desencuentros... No quiero más. Tengo los nervios destrozados.
Quisiera que marzo no llegase nunca. Sólo quiero quedarme en este trance y no salir más de él. Es lo más seguro que tengo. Es lo único que cubre mi cuerpo cansado de tantos intentos por poder descansar y olvidarme de toda la mierda que tengo acumulada en el cerebro.
Quiero dormir tranquila sin necesidad de pelear con la muerte en mis sueños. Quiero dejar de transpirar en las noches; despertar mojada sin entender lo que provocó el mal dormir.
Feliz onomástico para mí.
Mañana es viernes 13.
No suelo ser supersticiosa.
Pero pienso que las cosas ya no pueden ser peores.
jueves, 12 de febrero de 2009
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